viernes, 14 de marzo de 2008

Uribe la OEA y el TLC

Colombia respalda como nunca su Presidente. El 84% de los colombianos de todos los estratos sociales, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, los intelectuales, los empresarios, los ejecutivos, los maestros, los trabajadores, los campesinos, los profesionales, apoyan la gestión de Alvaro Uribe Vélez, por su entrega diaria de casi 20 horas a conseguir seguridad, restablecer la paz y construir una nación fuerte y democrática, respetuosa de la diversidad. Y de la misma forma pensamos los colombianos radicados en el exterior por decisiones unilaterales o víctimas del desplazamiento forzado de los grupos violentos, hoy en vía de extinción por la reinserción, el diálogo, las acciones militares exitosas de nuestra policía y ejército y el compromiso cada vez mayor del propio pueblo que con su colaboración y denuncia tributa su cuota a la seguridad democrática.

Colombia trabaja con todo el sacrificio bajo el liderazgo de Uribe para fortalecer su democracia, defendiendo la diversidad reflejada en la política de defensa y seguridad democrática, como el más preciado ramillete de una nueva institucionalidad, forjando debates abiertos y consolidando la libertad de expresión y de prensa, así como la protesta civilizada y las expresiones colectivas de los ciudadanos sobre temas sociales, políticos y económicos; como el camino más expedito para enseñar a los violentos que al poder se llega con el respaldo de las mayorías actuantes y la vía del voto arma imprescindible de la democracia. Sólo la defensa de la institucionabilidad de un Gobierno fuerte como el de Uribe podía garantizar que las izquierdas democráticas alejadas cada día más de las guerrillas de las FARC y del ELN tuvieran seguridad y tranquilidad para que pudieran ocupar posiciones tan importantes como la Alcaldía de Bogotá, de gobernaciones y de distintos cargos de representación popular, para mostrar como lo vienen haciendo gobiernos de excelentes resultados y oposición institucional único camino para acceder al poder.

El continente nos mira con respeto pero se vislumbra la necesidad de debates enriquecedores que actualicen los viejos conceptos de soberanía territorial complementada con la de defensa de la seguridad de los ciudadanos amenazados desde el refugio de los fascinerosos escondidos en los países hermanos. Los pactos elevados a normas internacionales, ya sean bilaterales o multilaterales son entre las institucionalidades y no con los violentos aún más cuando estos han cruzado la frontera ideológica, carecen de respaldo popular y se han incrustado placenteramente en el narcoterrorismo.

Muy agradecidos estamos con Leonel Fernandez, presidente de la República Dominicana y el Grupo de Río por el interés puesto para superar la crisis con nuestros hermanos de Venezuela, Ecuador y Nicaragua, pero nos llena de preocupación la falta de determinación del Grupo de Río para condenar a los narcoterroristas de las Farc, que tanto daño nos causan a nosotros como a los demás pueblos de América, desde Las favelas de Brasil, los movimientos respaldados en Suramérica con fines similares, la mara salvatrucha de Centroamérica y lo que subyace de apoyo a estos delincuentes en el México de Zapata, Morelos y Pancho Villa.

No podemos caer en el error de asistir al suplantamiento de la OEA, foro natural de las Américas por la presencia de todos los que conformamos el continente, a cambio de organizaciones sin la presencia de EE.UU. y Canadá: porque estaríamos retrocediendo cuando por el contrario nuestra meta debiera ser la de darle en el futuro inmediato calidades a la OEA similares a la del foro que dio vida a la Unión Europea, con parlamento incluído y una capacidad de legislar en temas generales para bien del continente. Los más ricos y fuertes deben reflexionar sobre el abandono a su cuerpo continental que viene del sur y se extiende por Centroamérica desangrado y débil, necesitado de infraestructura, de puertos, aeropuertos y vías competitivas; que a semejanza de los europeos debieran ser financiadas por quienes más se benefician, que son los dueños de insumos y productos que más obtienen de su utilización. Los exiguos presupuestos de nuestros pueblos pudieran así orientarse a la calidad de vida en lo social, la educación, la salud y el impulso al campo para erradicar pobreza e inconformismos, caldo de cultivo de los mercaderes de la muerte.

El TLC con los Estados Unidos tendrá éxito no solo con Colombia sino con el continente y nosotros estamos muy reconocidos con el presidente Bush, pero requerimos del apoyo del Congreso americano conformado por demócratas y republicanos para consolidar los caminos de paz, la seguridad democrática, el crecimiento económico y social y la erradicación de los cultivos ilícitos al reemplazarlos por productos de valor para nuestros campesinos.

Aprovechemos queridos colombianos cada momento de cercanía con representantes y senadores en estos dias para pedir su voto en favor de esta Colombia leal e inseparable en las causas del bienestar, la seguridad universal y lucha contra el terrorismo y las drogas.

En muy dificiles situaciones le ha tocado moverse a nuestro presidente Alvaro Uribe, pero con nuestro respaldo que debe ser de acciones y compromiso, avanzará el éxito de su mandato que es el de todos nosotros y debemos consolidar en un consejo comunitario de Miami, convocado por empresarios y dirigentes del estado de la Florida, convencidos del beneficio común del TLC con esta gran Nación, que tanto admiramos y agradecemos.

Luis Ignacio Guzmán Ramírez